La abundancia depende del buen liderazgo

Por Gretel Ledo (*)

Todo encantamiento se caracteriza por una etapa inicial de fuerte apego al objeto fetiche que encierra desde lo místico un uso no racional de legitimidad. El punto máximo de la relación de amorío no da lugar a contradicciones ni admite desaciertos. Este velo cae cuando se presenta una frustración en el imaginario colectivo que no encuentra canalizadas sus expectativas en quien depositó sus demandas. Así, en términos sistémicos, los inputs que ingresan al sistema político no cuentan con sus correlativos outputs.

La historia del liderazgo exitoso de Moisés llevó a rodearse de líderes llenos de la sabiduría de Dios, al punto tal que al ser encomendados para reunir ofrendas en pos de la construcción del templo tuvieron que detener al pueblo porque los recursos eran demasiados. A Bezaleel y Aholiab, administradores con excelencia de los recursos, Dios les dio sabiduría e inteligencia para saber hacer toda la obra del servicio del santuario. Las ofrendas saturaron las expectativas. Era “…tanto, que vinieron todos los maestros que hacían la obra del santuario,… y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga. Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más; pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba. La construcción del tabernáculo concluyó libre de deudas a causa de la disposición del pueblo.” (Éxodo 36:4-7)

Indudablemente el yugo de miseria por el cual una Nación es azotada da cuenta de la incapacidad de liderazgo de quienes tienen la máxima responsabilidad de conducir un país.

Existe una diferencia entre el buen y el mal líder. El primero se conduce con una sabiduría tal que se transforma en hacedor de la voz del pueblo. Es capaz de renunciar a sus designios personales para dejar traslucir en sus acciones, decisiones que afectan positivamente al conjunto del pueblo. Hablar de sabiduría es ingresar a un plano sobrenatural en que opera Dios como mentor de la cabeza de una Nación. En tanto el segundo hace uso de una inteligencia racional que no necesariamente lo posiciona en un escenario de claro discernimiento entre lo urgente y lo importante.

Un país como Argentina que atraviesa las mejores oportunidades económicas para dar un vuelco social y político denota por parte de la dirigencia, una ausencia de estrategia que identifique acciones precisas para direccionar una política congruente de crecimiento económico sostenido. El liderazgo mediocre asume como modus operandi un espíritu de comodidad que niega la realidad, no la declara, la esconde imposibilitando un cambio certero.

En la antigua Francia los escultores hacían sus trabajos en piedra. Quienes llevaban a cabo correcciones recurrían a la cera. De allí que ante la perfección en el diseño se colocaba la leyenda “sin cera”, o sea sin remiendos, genuino, tal como se veía. Nuestro país clama por el espíritu de sinceridad. Es tiempo que caigan las máscaras. Solo así se posicionará a nuestra clase dirigente y dirigida en un nuevo horizonte de virtudes recíprocas.

Buenos Aires, 21 de Noviembre de 2010

(*) Abogada en Derecho Administrativo (UBA)

Politóloga en Estado, Administración y Políticas Públicas (UBA)

Socióloga (UBA)

www.gretel-ledo.com

Noviembre de 2010

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